Cuando yo escribí mi primera poesía, a nadie le llamo la atención. Lo contrario habría sido lo asombroso. Y es que en mi familia yo estaba rodeado de poetas por todas partes. Mi abuelo paterno, Manuel Alejandro Carrión Riofrío, fue un poeta notable, que publicó libros de poesía en España, bellamente encuadernados y con los cantos dorados. Un primo hermano doble suyo, Guillermo Riofrío Carrión, había cantado apasionadamente, en el pleno reino del romanticismo. Un hermano de mi abuela paterna, Emiliano Mora, era poeta fino y delicado. Dos hermanos de mi padre, Héctor Manuel Carrión –el mayor– y Benjamín Carrión –el menor– figuraban entonces entre los más altos poeta de mi patria. Mi padre, José Miguel Carrión, creaba poemas exquisitos, de transparente sensibilidad y mucha pasión, que luego se han hundido en el olvido. Eduardo Mora Moreno, primo hermano de mi padre, era poeta de vanguardia. Dos primos hermanos de mi madre, Manuel José Aguirre y César Alberto Bermeo eran poetas delicadísimos: por cierto que ambos murieron trágicamente. La muerte del segundo está contada, en forma estremecedora, por Pablo Palacio en su novela “Vida del ahorcado”.


Mi casa estaba llena de libros, donde fuesen mis ojos, allí habían libros. Y cuadros y discos. En casa de mi padre, en casa de mis abuelos paternos y maternos, donde mis tíos. Mi abuelo materno, Manuel Aguirre Jaramillo, tenía una de las más ricas bibliotecas de mi ciudad y una asombrosa colección de discos Víctor de sello rojo. Las voces de Caruso, Galli-Curci, Adelina Patti, Tamagno, Titta Ruffo, son parte de las maravillas que pueblan mi infancia. Mi tía abuela materna Adelina Aguirre, cuando yo era muy muchachito, me regaló una maravillosa colección de reproducciones de los grandes pintores europeos: Masaccio, Fra Angelico, Girlandaio, Botticelli, Zurbarán, Velásquez, Goya pueblan también mi infancia, son mis viejos amigos. ¿A quién podía llamarle la atención que yo, por ahí por los trece años, publicara una poesía?

 

En el colegio, tuve dos maestros magníficos. Gramática me ensañó don Miguel Sánchez, un maestro nato, que sabía volver amable y encantadora tan árida técnica. A la hora de aprender métrica e historia de la literatura, estuvo enseñándome el doctor Carlos Manuel Espinosa, poeta fino y claro hombre que, a la infinita generosidad unía el don de encender un amor apasionado por las letras. Idea suya fue la de que los alumnos de literatura publicáramos una revista. “hontanar”, de cuaderno de ensayos juveniles, se transformó rápidamente en una revista de importancia nacional. Jóvenes escritores notables, Pablo Palacio, Joaquín Gallegos Lara, Alfonso Cuesta y Cuesta la honraron con sus colaboraciones. El grupo que sacó “hontanar” estaba poblado de vigorosas personalidades incipientes: la vida ha querido que, de todas ellas, solamente yo permanezca en la literatura. Jorge Suárez Burneo, Juan Cueva, Jorge Mora, entre otros, estaban ricamente dotados, pero no perseveraron. Así fue el destino.


Acontecimiento extraordinario en mi vida de joven poeta fue la llegada a Loja, de paso a Lima, tras cerca de veinte años de ausencia, de mi tío Benjamín Carrión. Yo tenía entonces quince años. Con los jóvenes poetas de “hontanar” fuimos a escucharlo, y su palabra se convirtió para nosotros en la Biblia. Pronto tendríamos una biblia más: el poeta guayaquileño Joaquín Gallegos Lara, que enseñaba literatura mezclada con comunismo.


En 1932 vine a Quito. Viví en la casa de mi tío Benjamín Carrión y cursé el último año en el Mejía. Fue mi maestro de literatura el fino y tenaz poeta Augusto Arias. Entré, por mis propios derechos, al grupo Elán, que poco a poco iba abarcando a todos los poetas jóvenes del Ecuador, hasta convertirse en el Sindicato de Escritores y Artistas. Allí Ignacio Lasso era el maestro, el jefe. Estaban inicialmente José Alfredo Llerena, Humberto Vacas Gómez, Francisco Borja, Mario Suárez, César Ricardo Descalzi y Atanacio Viteri. Cuando yo hice mi aparición abrí la puerta: poco tiempo después entraban Pedro Jorge Vera, Alfonso Cuesta y Cuesta, Augusto Sacotto Arias, Nicolás Kingman, Jaime Zambrano, César Dávila Andrade, Alfredo Chávez y Jorge Guerrero. Y, por correspondencia, se establecía sólida colaboración con Joaquín Gallegos Lara, Enrique Gil Gilbert, Demetrio Aguilera Malta, en Guayaquil, y con Nelson Estupiñán Bass en Esmeraldas.


Los escritores un poco de más años, Ángel F. Rojas, Pablo Palacio, Jorge Reyes, José de la Cuadra, Alfredo Pareja Díez Canseco, Hugo Alemán, G. Humberto Mata, Humberto Salvador, Jorge Icaza, Manuel Agustín Aguirre, Gonzalo Escudero, Jorge Carrera Andrade, Aurora Estrada y Ayala, Jaime Chaves Granja, Fernando Chávez …


[Inconcluso. Sin fecha]


Sin fecha  -   Inédito PDF [ABRIR] En sus propias palabras… Vida

Mi primera poesía

Acontecimiento extraordinario en mi vida de joven poeta fue la llegada a Loja, de paso a Lima, tras cerca de veinte años de ausencia, de mi tío Benjamín Carrión. Yo tenía entonces quince años.


Dibujo de Eduardo Kingman, 193? * Sin título en el borrador original. *

© Familia Carrión Eguiguren, 2015


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